Ahí vamos

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Hace treinta años me concibió mi madre Soledad Herrera. Mucho ha pasado desde aquel 78. Desde entonces he tratado de llamarme Daniel Molina. La vida nunca será la misma, todo cambia, y cuando digo “todo” incluyo, particularmente, a ese ente llamado “yo”.
Como es de imaginarse a los treinta a uno le da por auto cuestionarse la existencia, qué si los destinos, qué si las identidade. Con mi paisana perspectiva he convenido conmigo mismo que el actual Daniel Molina es un personaje traspapelado que alguna vez se le ocurrió a Michael Goundry. No se bien cuando ocurrió, pero un día se me metió por los ojos, le gustó mi vida, y se quedó en ella. Y no me quejo, para nada, aunque admito no es sencillo lidiar con una voz interna que invita a desconocer la lógica e imanta las confusiones, pero al final es divertido. A este personaje le atrae más inventar lo que sucede que pensar en lo que pasa. Qué le voy a hacer, le gusté para quedarse.

En fin, buena parte de mis virtudes son más de él que mías: curiosidad incansable, nobleza, facilidad para la magia, caballero respetuoso, testarudo, dormilón y hombre de buen apetito. No quisiera hablar de sus defectos (presiento está escuchando), me limito a presentarlo en sociedad con su mejor cara.

Daniel, el goundriésco, el mismo que ahora silva con un gesto inexpresivo y unos segundos después, con una caricia, cuenta que feliz está.

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Se recomienda precaución

Sweet Cherry Woman, Oxford Street. London 2008.

Las sonrisas en la calle son balas perdidas que no sabemos cuántos corazones han de atravesar.

Rectificaciones

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Hace unas semanas yo pensaba que a veces pasaba de todo, ahora no lo creo. Una vocecita de sabiduría llegó a reorientar mi idea, diciéndome que si, que a veces pasaba todo, siempre.

De acuerdo, lo mágico no está a simple vista, pero está ahí, siempre. Árboles, cielo, mujeres, hombres, atardeceres, música, luces y sombras, edificios, hormigas, odio, mentira, felicidad, enojo, ira, amor…El suceso más extraordinario es la vida, y esa está aquí, en todas partes, siempre.

El dilema consiste en que sólo de vez en cuando nos damos cuenta. Me es revelador y estimulante pensar que cada día escribimos una novela, que cada que estamos en una sala de espera interpretamos una pieza de teatro perfecta, que el olor de la mañana es un perfume magistral y que cada uno de nosotros, al librar un nuevo día, sorteamos batallas napoleónicas.

Me gusta pensar eso, que a veces todo pasa
SIEMPRE
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El mundo del Messenger

No sé por qué me desagrada tener en el Messenger nombres de personas con las que nunca cruzo letras (total, si están o no da lo mismo, nunca nos comunicamos). Pero me mal vibra.

Como quien acomoda su cuarto, hoy decidí depurar mi cuenta y deshacerme de los contactos con los que nunca platico.

Ciao mudos!

Click



Creo firmemente que la fotografía es una herramienta sobre valorada, recubierta de un halo sagrado llamado arte.

Créaseme o no, la fotografía es simple.

La inmortalización que crea una foto confunde a muchos, sugiriéndoles que ese hecho, en si, ya es arte. No necesariamente. Es como si aceptáramos que al trazar una figura o al decir una frase estuviéramos creando una obra de arte. No en todos los casos. Existe un gran trecho entre representación y figura artística.

Yo no encuentro gran diferencia entre fotografía y pintura, y a ésta última no se le confiere tanta faramalla. Simplemente quien es bueno pintando es un buen pintor y quien es malo ni se le menciona, y punto. Muy por el contrario, con la fotografía uno puede ser un consagrado con tan sólo registrar bellos paisajes, o colores intensos, o la vida diaria. De acuerdo, la vida es inmensamente bella, pero ¿A caso no hace falta interpretarla para llamar a eso arte? Resulta elemental tener una postura propia ante la imagen, de lo contrario la fotografía será un mero documento representativo, tal como una radiografía o un resonancia magnética. A mi me da un poco de pudor cuando alguien traduce un bello paisaje que he retratado en una obra de arte. No necesariamente. Para ser sincero la mayoría de las veces que he fotografiado un paisaje sólo me he sentido conmovido por lo que veo y entonces lo retrato. Acepto que ahí me pongo el traje de turista. La única diferencia entre el amateur y yo es que (algunas veces) yo poseo técnica y herramientas superiores, pero de ahí en fuera el impulso es el mismo. Hace falta un discurso, una postura frente a la imagen. Hagamos a un lado la técnica, ¿Qué es lo que hace buena una fotografía? Aquí caven todos los criterios como gente existe en este mundo. Una foto es buena si te mueve, punto. Y con ese “punto” pareciera que se acaban las discusiones y dilemas, pero muy por el contrario, se multiplican. No es lo mismo una disciplina artística a un gusto propio, no es lo mismo una afición a una profesión, pido de nuevo se traspase el problema a otra disciplina, como la arquitectura. En el Blog de Ojaral hay un post fantástico, Demoliciones, donde un hombre que sueña con catedrales decide construir una tomando como cimiento y estructura sólo su pasión y sueños. Ahí está el matiz, en el momento en que confundimos la magnesia con la gimnasia y decidimos que esa fotografía/fotógrafo que nos parece tremendamente buena la consagramos como un clásico. No necesariamente.

En estos tiempos en el que hacer fotografías se acerca cada vez más al simple hecho de ver (llegará el día en que con un solo parpadeo podamos tomar una fotografía), las imágenes demando algo más que simple estética y, al mismo tiempo, pide esta última que no se olviden de ella.

No se.

Hoy amaneció lloviendo

Yo ya sabía que la lluvia no siempre es triste, pero necesitaba de este día para cerciorarme de que el agua del cielo no siempre sabe igual. He necesitado de mis pasos mojados y el viento en la cara, del silencio de las calles, del recogimiento del paisaje, de los espejos de agua, de los locales cerrados, del gris del cielo, de la gente que camina y se resigna a empaparse, de las sombrillas tristes y de las alegres, de las chamarras de capucha y las manos en los bolsillos, del agua que no cesa, de la nostalgia que se esconde en los gestos de la lluvia. He precisado de este día para soltar mi propia tormenta, para sentir de nuevo porqué es que el frío a veces calienta el alma. Me gusta esta lluvia que insiste en mojarlo todo.