Yo ya sabía que la lluvia no siempre es triste, pero necesitaba de este día para cerciorarme de que el agua del cielo no siempre sabe igual. He necesitado de mis pasos mojados y el viento en la cara, del silencio de las calles, del recogimiento del paisaje, de los espejos de agua, de los locales cerrados, del gris del cielo, de la gente que camina y se resigna a empaparse, de las sombrillas tristes y de las alegres, de las chamarras de capucha y las manos en los bolsillos, del agua que no cesa, de la nostalgia que se esconde en los gestos de la lluvia. He precisado de este día para soltar mi propia tormenta, para sentir de nuevo porqué es que el frío a veces calienta el alma. Me gusta esta lluvia que insiste en mojarlo todo.
Vida de Moebius
Hace unos días mi querida amiga Arúgula me escribió diciéndome estar sorprendida por mi ¨capacidad de volver a empezar¨. Valla a saber. ¿En verdad soy capaz de eso? ¿Será que he tenido muchos comienzos? ¿A caso volver es mi manía? No lo se. La cosa es que Arúgula es muy inteligente, me conoce y aparte cuando ella habla dice más de lo que aparenta, este mismo comentario es de tres bandas: Capacidad. Volver. Empezar. Y no es casual que esto se le ocurra, ella sabe que a mi historia hay que agregarle el drama de los treinta otoños. Pues bien, en atención a mi bienestar emocional he llegado una conclusión: mi vida es una banda de Moebius (este video ayuda a entender la idea).En esencia mi historia es como todas las demás: simple. Soy una tira de papel lineal que corre hacia delante. Pero el chanfle viene después al leerme entre los detalles, al descubrírme como un ordinario sin orden, como un seguro asiduo a lo grotesco, como un fan de los finales tristes, como el melancólico que soy, como un auténtico Mr Self Destruct que se sorprende al verse devorado por si mismo. Es entonces cuando Moebius aparece y me rescata con su teoría, me salva doblando mi vida y reencontrándola con su principio y, así, me da la oportunidad de volver a empezar. Ese soy yo, un camino con dos caras opuestas pero unidas por una vuelta, una historia que se va cortando por mitades pero que al final resultan siempre estar entrelazadas. Me gusta ser una banda de papel girada, siempre girada.
Las ventanas
Veo que me obsesiona el ver. No es sorpresa, me gano la vida viendo a través de una cámara. Hace dos semanas me encontré en el metro una mirada de asombro que lamenté no haber podido fotografiar. He vuelto al subterráneo con mi cámara. He recorrido la misma ruta, pero nada, la mujer de los ojos abiertísimos no aparece. Estoy sospechando que me la inventé. Pienso esa mirada fue sólo un pretexto para fijarme en otras tantas.







V&A

Hace poco, paseando por las calles con mi amiga Marcela, nos encontramos con una hermosa tienda donde vendían artículos de diseño. Le dije que me encantaban los muebles que ahí se vendían, que el único inconveniente era su precio. A ella también le gustaban, me dijo, sólo que nunca pensaría en tener uno, no por el precio sino porque son tan bellos que nunca los utilizaría.
Existen objetos que por su frágil constitución resulta lógica su condición de intocables, pero hay otros que por su misma naturaleza resulta casi increíble que se prohíba tocarlos, como en un museo, y no me parece que esté mal eso, sólo digo que es curioso que la ropa que hoy se usa, o la mesa que a diario sostiene los platos, en unos años valla a parar al Victoria & Albert Museum.
Detrás de cámaras
Esta es la imagen de una historia que cuenta otra histora que no sabemos si sucedió , pero que, seguro, volverá a pasar (para más detalles píquenle aquí ).
Hiistorias de aparador
Caminando hacia el parque me encontré con las ventanas de la tienda Selfridges. Me paré, les tomé fotos, fui al paque, se hizo de noche, regresé y ahora se las comparto.¿Verdad que cuentan algo?
O.O
Ayer por la noche me trepé al metro con destino a Wimbledon. Todo iba normal hasta que se subió la mujer de la mirada de asombro.
Tenía los ojos muy abiertos, abiertísimos, y ni por descuido los cerraba. Sin pudor disparaba su escrutinio hacia todos lados. No era muy guapa pero tenía una mirada llena de admiraciones, que ciertamente decía mucho, y no con palabras, sólo con admiración !!!!!!! clarito se podía escuchar que salía de sus ojos. Juro nunca me había encontrado con descaro más intimidante. Sus ojos de linterna deslumbraban a todo el que se le quedara mirando, y te hacía voltear hacia otro lado, y parecía que ese desvió lo aprovechaba para seguir devorando detalles a mil por hora. Ojos imposibles. Y yo sin cámara…
Bien me acuerdo que se bajó en Stockwell. El próximo viernes, como a las 10 de la noche me daré una vuelta para probar suerte, a ver si con cámara de por medio le puedo sostener la mirada.
Tenía los ojos muy abiertos, abiertísimos, y ni por descuido los cerraba. Sin pudor disparaba su escrutinio hacia todos lados. No era muy guapa pero tenía una mirada llena de admiraciones, que ciertamente decía mucho, y no con palabras, sólo con admiración !!!!!!! clarito se podía escuchar que salía de sus ojos. Juro nunca me había encontrado con descaro más intimidante. Sus ojos de linterna deslumbraban a todo el que se le quedara mirando, y te hacía voltear hacia otro lado, y parecía que ese desvió lo aprovechaba para seguir devorando detalles a mil por hora. Ojos imposibles. Y yo sin cámara…
Bien me acuerdo que se bajó en Stockwell. El próximo viernes, como a las 10 de la noche me daré una vuelta para probar suerte, a ver si con cámara de por medio le puedo sostener la mirada.
El bosque

La tranquilidad suele llevar por dos caminos, hacia la paz o la aburrición. Bueno, a mi me llevó por un tercero, la chamba.
Resulta que hoy tocó ir a la bodega donde la proveedora de mis quincenas guarda su legado. Hoy fui a Kent (poblado próximo a Londres) a la store de los recuerdos. Imaginar historia empaquetada: pintaras (cientos) cartas en cajas, máscaras de diseñadores, esculturas (!!!) reclamando ojos, grabados, telas... da pena que todo esté apartado, dormido junto a la nada. Me consuela que de todo tengo foto. Bueno, lo que me ocupa ahora no es exactamente lo maravilloso se esa bodega. Ayer, platicando con la entrañable amiga Irma Herrera, me pronosticó mi día. Me ha dicho que este viaje se le ha imaginado como si yo estuviese en un bosque mágico (como en una película que no he visto).
Al llegar a Kent no tuve más que recordar sus palabras. ¡Me sentí en un cuento! Aquí todo reboza de magia, pensé. Sólo faltan esas palabras de empatía. Tante gratzie!
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